La memoria histórica

Tanto darle a la memoria histórica y andar desenterrando momias, me he leído el libro de Andrés Trapiello “Las armas y las letras. Literatura y guerra civil”. Básicamente, es un inventario exhaustivo de escritores de la época ya momias también la mayor parte, que a veces llega a cansar y otras te cuenta cosas inesperadas. Que Alberti, el gran poeta del comunismo y su mujer Mª Teresa León, eligieron para vivir en Madrid en plena guerra el palacio de los marqueses de Heredia Spínola, donde “Mª Teresa duerme en la habitación de la marquesa, en una gran cama llena de cortinajes y armiños” según relata Morla Lynch, embajador de Chile. Al parecer daban fiestas, algunas de disfraces, aprovechando el guardarropa de los marqueses, y podía verse “a Luis Cernuda, vestido de caballero calatravo o a León Felipe con gorro y uniforme de Gran Duque Nicolás mientras caían los obuses en el Madrid a oscuras”según relata el propio Alberti, que, pasado el tiempo, califica esos años de “la belle epoque”.Mª Teresa por su parte dice que fueron “los mejores años de mi vida”. Tal vez estaban influenciados por el Presidente de la República, Azaña, que se instaló también nada menos que en el Palacio Real de Madrid, la cueva de la denostada monarquía depuesta. Este afán por el lujo, me ha recordado los viajes en Falcon a la boda de un cuñado de Logroño de nuestro presidente de gobierno, o sus vacaciones en los palacetes de Doñana o Canarias, a los que por supuesto llegaron en Falcon, medio de transporte este que estrenaron para ir a un concierto y parece que mucho les plació. Y cómo no recordar, hablando de instalaciones suntuarias la imagen ya clásica del matrimonio Iglesias-Montero en su finca de Galapagar… Cuando cierta autonombrada izquierda (“presunta izquierda” les llama Guerra) llega al poder, debería hacer un ejercicio de mesura, discreción, austeridad y contención si no por convencimiento, al menos para poder despotricar contra los privilegios con algo de fundamento. Sin embargo, se lanzan de cabeza a disfrutarlos, dejando al descubierto que sus diatribas contra la riqueza obedecen simplemente a la fascinación de lo que se desea y no se tiene.